¿Para qué es realmente el crédito?

Enviado el Mar, 13/05/2014 - 15:26
¿Para qué es realmente el crédito?

Todas, en algún momento de nuestras vidas hemos usado el crédito. Tenemos tarjetas de crédito, un crédito automotriz o hipoteca. Tal vez hasta hemos hecho tandas y entrado a los “guardaditos” que organizan las amigas.
Todo eso está muy bien, sólo que hay que aprender a distinguir entre el crédito “bueno” del crédito “malo”.
Para lograr este objetivo hay que preguntarse: ¿para qué estoy pidiendo prestado el dinero? (Recuerden que usar la tarjeta de crédito ES PEDIR PRESTADO y luego hay que pagarlo). Y la respuesta es muy obvia. Pedimos prestado dinero porque no tenemos suficiente efectivo para lo que necesitamos o queremos en ese momento. Lo que nos lleva a nuestra pregunta de siempre: ¿lo quiero o lo necesito?; ¿estoy pidiendo prestado porque quiero esto o porque lo necesito?

La diferencia entre el crédito “bueno” y el crédito “malo” es que el “bueno” debe ayudarte a conseguir una inversión a largo plazo, debe servirte para hacer un patrimonio. Puedes pedir un crédito para comprar una casa o pagar la maestría y el doctorado. Los simples mortales no andamos por la calle con la cantidad de dinero suficiente en el bolsillo (ni en nuestras cuentas) como para comprar una casa en efectivo, por eso, en estos casos, resulta “bueno” pedir un crédito.
En el lenguaje de los financieros hay un término muy común para describir al crédito “bueno”. Ellos le llaman “apalancarse”. Ese crédito debe funcionar como palanca para que, en el largo plazo, tengas más riqueza.

Aunque parezca que comprar un coche nuevo aumenta tu riqueza, en realidad hace todo lo contrario. Comprar un coche no es una inversión, es un gasto, es consumo. Porque una vez que lo sacas de la agencia ya perdió valor y unos tres o cuatro años más tarde, cuando quieres cambiar de modelo, es posible que sólo consigas venderlo por la mitad de lo que te costó. Además de todos los pagos de gasolinas, mantenimientos, lavados y otras cuentas que hay que pagar por tenerlo.
Compara un coche a crédito, podríamos llamarle que es un crédito “malo” y en realidad, todo lo que sea consumo es un crédito “malo”. Tener un ataque de compras, por una depresión y pagar con la tarjeta de crédito, también es un crédito “malo”. Este tipo de créditos son préstamos que asumimos a corto plazo, por los que tenemos que pagar un interés (o sea, nos sale más caro) y que cuando lo terminemos de pagar serán autos, ropa, vacaciones u otras cosas que no nos darán la posibilidad de incrementar nuestra riqueza.

No estoy diciendo que nunca nos demos un gusto y no gastemos ni un peso, no está nada mal irse de vacaciones, comprar cosas que nos gustan y queremos, o tener un coche (sobre todo en una ciudad grande). Esas cosas nos hacen la vida agradable. Lo único que hay que tener en cuenta es la diferencia entre gastar e invertir. Gastar no aumenta nuestra riqueza, invertir si.
Es muy importante no romper el equilibrio entre lo que tenemos y lo que debemos para que, una vez que dejemos de trabajar podamos tener una vida agradable y sin carencias. Invierte en ti.

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