Retrasar la gratificación.

Enviado el Vie, 11/09/2015 - 17:25
Retrasar la gratificación.

Imagina que mueres de ganas de ir a cierta playa y por cuestiones de trabajo, de dinero o de familia no has podido ir. Pero al final de un año consigues escaparte. Dime: ¿Las vacaciones te parecerían tan maravillosas si no hubieras tenido que esperar por ellas?

Eso es justo lo que sucede cuando retrasamos la gratificación. En mi ejemplo, las deliciosas vacaciones, se retrasaron por causas externas. Pero… qué tal que decides intencionalmente crearte esos momentos tan increíbles.

Si aprendemos a retrasar la gratificación tendremos grandes recompensas. Esto aplica para todos los ámbitos de nuestra vida. Para la comida, para los viajes y para miles de otras cosas, incluído el sexo. Y también es cierto para el dinero.

Piensa que quieres comprar una computadora, la que tienes ya anda cascabeleando y no tarda en descomponerse. Podrías, en lugar de esperar a que realmente se descomponga, aplicarte el método de “retraso de gratificación”. Si ya sabes que en un mes o en tres tendrás que cambiarla, ¿por qué no te vas preparando? Toma una hoja de cuaderno y escribe el precio de lo que cuesta la computadora que quieres. Ahora divídelo entre el número de quincenas o mensualidades en las que podrías pagarla. Ya tienes un precio, una fecha en la que recibirás tu gratificación y unas mensualidades (estas serán realmente sin intereses porque te las estarás pagando a ti misma). Si se descompone intempestivamente pues ya tendrás algo de dinero previsto para hacer un pago formal y puedes buscar maneras de pagar el resto pero con menor costo para tu bolsillo. Puedes aplicar el tarjetazo (somos expertas en ello) pero seguro que será por menos dinero y por lo tanto, con menos intereses. En cambio, si tu computadora aguanta todo el tiempo que planeaste ese “pago de computadora”. La tendrás. Sólo por haber tomado una decisión mejor sobre el uso de tu dinero, retrasando una compra y pagándote a ti primero recibirás tu recompensa y mucho más barato porque comprarás de contado y eso casi siempre tiene beneficios.

Retrasar la gratificación aplica para todo:
¡Quiero un vestido nuevo! Pues retraso la gratificación inmediata de tenerlo. Espero un tiempo razonable. Yo uso 1 día para estas cosas. Si mañana todavía lo quiero y lo puedo comprar: voy y lo compro. Pero si para mañana se me pasó la emoción, mucho mejor. Era una compra innecesaria.

¡Quiero unos zapatos! Pues igual, espero. Y si veo que de verdad los quiero voy por ellos.

Tal vez quiera una bolsa de esas que se están usando ahora, grandes. Puedo planear comprarla y esto también retrasa la gratificación. Planeando usamos nuestro dinero de maneras más inteligentes.

Yo tengo varias “bolsitas” de dinero. En una voy separando el dinero que me estoy pagando a mi misma para comprar una deshidratadora de alimentos (de esas cosa raras que de repente quiero). En otra voy separando para regalos de navidad y así, varias bolsitas, que poco a poco se van llenando para comprarme cosas que quiero pero que no necesito.

La pregunta de siempre antes de hacer una compra es: ¿lo quiero o lo necesito? Si lo necesito, es muy fácil la decisión. Pero si lo quiero… ahí todavía podemos hacer algo y es retrasar la gratificación. Si de verdad, con todas mis ganas, lo quiero… espero. Un día, una semana, un mes. El tiempo que yo decido que necesito para resolver el quid. Así, cuando por fin lo compro, estoy súper segura de que compré algo que me va a gratificar muchísimo.
Si lo quiero pero no lo puedo pagar inmediatamente puedo planear cómo comprarlo sin desbalancear mi presupuesto mensual. Al final si compro lo que quiero pero retrasando la gratificación inmediata.

Por eso les reitero, si aprendemos a retrasar la gratificación tendremos grandes recompensas.

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