¿Cuál es tu historia frente al dinero?

Enviado por Maria Jose Codesal el Mar, 08/04/2014 - 16:34

¿Te has preguntado cuál es tu relación con el dinero? ¿Cuál es tu historia con él? En el artículo anterior hablábamos de que de repente nuestra relación con el dinero puede ser de amor-odio y que pocas veces estamos tranquilas y en paz con ese tema. En esta ocasión les propongo reflexionar sobre la historia que tenemos con el dinero.

¿Se acuerdan cómo era tratado el dinero en su casa cuando eran niñas? ¿Era adorado o despreciado? ¿Quién llevaba el dinero? ¿Mamá? ¿Papá? ¿Los dos? ¿Quién tomaba decisiones sobre qué hacer con él? ¿Cómo decidían? ¿Cuáles eran las prioridades del hogar?

Yo recuerdo muchas veces oír a mi padre diciendo: “hay que apretarse el cinturón porque tenemos muchos gastos” o mi madre diciendo: “mi sueldo es para pagar las clases especiales de los niños” (o sea, las clases de ballet de mi hermana y mía, las clases de gimnasia olímpica de mi hermano, el karate de mi hermano, el más pequeño). Por años sin fin tuvimos clases extra después de la escuela. En mi casa, el proveedor era mi papá y por tanto, él decidía la mayor parte de las cosas que se compraban en la casa. El iba al supermercado y todo.

Todos crecemos con las ideas y actitudes que vimos en casa. Resulta importante preguntarse, para conocer nuestra historia con el dinero ¿qué imágenes y frases tenemos de él? Algunas de las más comunes son: “el dinero es sucio”; “cuesta mucho ganarlo”; “nunca alcanza para nada”; ________________________ (rellena el espacio con alguna otra que tú recuerdes).

El tema es que el dinero tiene, en muchos casos, una connotación negativa desde nuestra infancia. El que tenía mucho dinero seguro era una persona deshonesta y había obtenido su fortuna de mala manera. Por esas ideas, una crece pensando: no soy una ladrona ni hago negocios turbios, por lo tanto, nunca tendré mucho dinero porque al parecer, en esa visión, la única manera de tener mucho dinero es “robando”. ¿No les parece una forma de pensar muy limitante? Luego una crece y aprende que hay más cosas en la vida que la opinión de nuestros padres y a pesar de saberlo, algunas ideas aún permanecen fijas en nuestras cabezas. Y no sólo las ideas nos marcan, también las actitudes frente al dinero nos dejan cierta influencia. Por ejemplo, a mi no me tocó ver que mi madre ahorrara ni un centavo para su vejez, le descontaban del sueldo para el pago de seguridad social y poderse retirar a la edad de 60 años pero, voluntariamente, una aportación… nunca. Y por supuesto, tampoco se hablaba del tema ahorro en casa. Siempre vi que mis padres eran excelentes pagadores pero pésimos ahorradores. Nunca vi u oí algún comentario en el que se reservara dinero para la vejez o se tuviera una meta a largo plazo. Es más, ni seguros de gastos médicos tuvimos.

No es culpa de nuestros padres, ni de sus padres, es en realidad que poca gente sabe de finanzas personales o lo sabe a medias. No es algo que nos enseñen en la escuela (sería maravillosos si sucediera). Lo bueno es que todavía estamos a tiempo de aprender.

Para llegar a algún lado tenemos que saber de dónde estamos partiendo, es decir nuestro punto A para luego definir nuestra ruta para llegar a donde queremos que sería nuestro punto B. Y para allá vamos.

Una vez que sabes qué ideas limitantes tienes sobre el dinero (punto A) puedes decidir conservarlas o cambiarlas por algunas más enriquecedoras y crecer (punto B).

Cuando descubrí que tenía la idea de que sólo las personas deshonestas, aprovechándose de puestos, o amigos hacían mucho dinero decidí buscar ejemplos de la vida real que me demostraran lo contrario y el que más me emocionó encontrar fue el caso de J.K. Rowling, que además de ser mujer, se hizo millonaria escribiendo libros para niños. La saga de Harry Potter había vendido más de 400 millones de libros de los 7 principales para julio de 2009. (Reuters). Descubrí que una pasión puede atraer riqueza porque para empezar enriquece nuestra propia vida.

Empezamos preguntándonos ¿cuál es nuestra historia frente al dinero?, nuestro punto A. Ahora… ¿a dónde queremos llegar? Nuestro punto B. ¿Qué metas tienes en la vida? ¿Quieres una vida en donde tengas estabilidad financiera? ¿O más riqueza? No hay respuestas correctas o incorrectas, la mejor respuesta es la que honestamente tú quieras. Pero una vez que la tienes, hay que trabajar para alcanzar esa meta.

Todavía estamos a tiempo de aprender. Mientras sigamos trabajando todavía hay tiempo de ordenar nuestras ideas y encaminar nuestras decisiones en el buen uso del dinero que recibimos.

¿Tú que ideas viejas y limitantes quieres quitar de tu camino? Sacúdete el polvo y mira hacia delante con nuevos ojos, nuevas ideas en la mente y fuertes anhelos en el corazón.
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