Decisiones económicas

Enviado el Jue, 14/05/2015 - 15:42
Si no tomamos decisiones, nos morimos. Por eso, tenemos que asegurarnos que lo que decidimos, sea siempre bueno.
Decisiones económicas

El ser humano, o sea, tú y yo hemos desarrollado una cantidad de conocimiento tan grande que ya no cabe. No cabe ni siquiera en las bibliotecas virtuales. Además hemos segmentado tanto el conocimiento que hay especialistas para cada cosa. Las personas se dedican a cosas tan raras como la entomología, que es el estudio de los insectos hasta la robótica que es una técnica que aplica la informática al diseño y empleo de aparatos que, en sustitución de personas, realizan operaciones o trabajos, según la RAE. Todo ese conocimiento es nuestro, claro que nuestros cerebros no lo contienen todo, y no necesitamos contenerlo todo. Pero si convivimos con los mosquitos y usamos robots de cocina.
Y en ese espectro tan amplio de conocimiento, solo respiramos. No necesitamos saber que respirar es un proceso fisiológico del cuerpo para mantenernos con vida. No vamos por la vida pensando que tenemos que respirar. Simplemente lo hacemos.

No entendemos como respiramos. Tampoco entendemos cómo se mueve la economía de nuestro país, a veces ni siquiera entendemos por dónde anda nuestra propia economía, lo único que sí sabemos es que si dejamos de respirar nos morimos, si dejamos de tomar decisiones económicas, como trabajar, comprar alimentos, distribuir nuestros ingresos, también nos moriríamos. Las personas no somos auto sostenibles. Nadie puede vivir aislado de los demás y peor aún, nadie puede vivir sin depender de la naturaleza. Nos necesitamos unos a otros y a la madre tierra.

Por eso, aunque no somos conscientes de que respiramos, aunque no somos conscientes de los movimientos económicos del mundo, si somos conscientes de que queremos sentirnos bien. Tenemos muy claro que queremos vivir una buena vida, sin carencias. Disfrutando de lo que los momentos nos ofrecen.

Las decisiones que tomamos son piedra angular para ese bienestar. Tanto conocimiento que tenemos entre todos pero no nos conocemos bien a nosotras mismas ni las decisiones que tomamos. No somos muy conscientes. Hacemos el mismo acto reflejo que respirar. ¡Así que alto!

Es importante decidir bien sobre nuestra propia vida. Las decisiones son simplemente elecciones que tenemos que hacer sobre las cosas cotidianas en nuestra vida. Dicen por ahí que hasta no elegir es una elección. Si dejamos que las cosas “pasen”, se resuelvan “solas” podemos tener problemas.
Pero para poder tomar buenas decisiones y sobre todo buenas decisiones económicas tenemos que apropiarnos un poquito de todo ese conocimiento que por siglos hemos juntado.

Una buena manera de comenzar es haciendo una simple observación de lo que decidimos al día.

En las mañanas, cuando te levantas: ¿es una elección o una obligación? Si es una elección es más difícil pero si es una obligación, pues ya ni le piensas. Te levantas y ya.

A la hora del desayuno: ¿eliges qué desayunar o alguien más lo prepara? Si tú eliges, es más difícil pero si te lo preparan te lo comes y ya.

El segundo paso es analizar las opciones.

Es en el momento elegir o de hacer las cosas por obligación que podemos discernir y tomar decisiones que nos lleven al bienestar.

Si al momento de desayunar tienes que elegir y decides sólo por tomar una taza de café, a la larga, tu salud se va a deteriorar y entonces…. Nuestro bienestar ¿qué?

Lo mismo con las decisiones económicas. Si a la hora de elegir, nos inclinamos por la satisfacción inmediata sin pensar en nuestro bienestar general, ¿adivina qué va a pasar?

Vamos a estar a la moda y cuando nos hagamos mayores no tendremos pensión o ahorro o tal vez tengamos que depender de alguien económicamente.
Nunca he sido fan de la frase “No existe el mañana”, porque la realidad es que si existe un mañana que estamos forjando hoy. Hoy es el día que podemos hacer cambios. Cada hoy se entreteje para formar ese mañana y si podemos decidir cómo queremos que sea.

Haz un pequeño inventario de tus decisiones y de tus decisiones económicas, a veces pequeños cambios aportan un gran bienestar a futuro. Trata de decidir pausadamente, sin apresuramientos. Sopesando cuál es la mejor decisión posible. La que te haga tener mayor bienestar a futuro y no una satisfacción inmediata y… muy importante: Decide por lo que te haga sentir bien a ti. Que las demás personas no vivirán con la consecuencia de tus decisiones. Solo tú.

¡Decide bien!

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Sigue a Maria José en Twitter: @gastamosmujeres o visita su web lo que gastamos las mujeres

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